V. Análisis de obras constructivas
- Edificaciones en la CDMX
- 25 nov 2017
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 8 dic 2017
Sistema constructivo
La Ciudad de México sufrió un terrible terremoto la mañana del 19 de septiembre de 1985. Ese día, la ciudad registró incontables daños en las redes de suministro eléctrico, sistemas de agua, ductos de gas y servicios de transporte, además de la interrupción en las telecomunicaciones.
Este sismo ocasionó un déficit de vivienda del 20% en el entonces Distrito Federal afectando el patrimonio de aproximadamente 100,000 familias y se calcula que murieron aproximadamente 4,500 personas, aunque las cifras no oficiales hablan de varios miles de muertos más. Importantes construcciones como el Hospital General de México y el edificio Nuevo León en Tlatelolco se derrumbaron. Desde entonces, la visión de los mexicanos y la arquitectura no volvieron a ser los mismo, tras el terremoto, es exigió que los edificios cuenten con nuevas especificaciones para que su construcción sea más segura, más resistente y más ligera. El reglamento de construcción, que tuvo cambios en los coeficientes de comportamiento sísmico (factores de seguridad) tras el temblor de 1957 no estaba preparado para el terremoto, pues los estándares eran demasiado bajos. Las políticas actuales se han reflejado, en primer lugar, en la reglamentación de todo tipo de construcciones, desde los materiales hasta la tecnología que se emplea durante su edificación.
Los especialistas explican que en la Ciudad de México existen tres nomenclaturas para las zonas sísmicas. La zona 1, o de lomas, es de suelo firme y abarca la zona sur de la ciudad; la zona 3, o de lagos, favorece la transmisión de ondas sísmicas y comprende la zona centro y norte de la ciudad y la zona 2, es de transición entre la primera y la tercera.
Aunque la zona lacustre es la que presenta mayor riesgo ante un sismo, ningún edificio corre peligro frente a un sismo cuando está bien planeado. El tipo de suelo debe tener una armonía con la base del edificio que se va a construir, la cimentación no sólo debe calcularse en base a la anchura o altura, sino en relación al peso, a los esfuerzos que se generarán, al tipo de suelo, etc.
México no es el único país ubicado en una zona de riesgo telúrico, en los últimos 15 años Japón ha sufrido cinco grandes terremotos, el más reciente y más intenso de su historia se reportó en sus costas el 11 de marzo del 2011. Sin embargo, este país, a pesar de estar en una zona geológicamente inestable, cuenta con rascacielos que superan los 600 metros de altura. Gracias a su sistema actual de construcción, basado en la resistencia de su infraestructura, ha podido seguir creciendo verticalmente.

Materiales empleados
Para aumentar la resistencia de los edificios a los seísmos, Benavent explica que se pueden emplear varias técnicas, como añadir muros estructurales de hormigón armado, barras diagonales, muretes laterales en los pilares o reforzar los pilares con presillas de acero. Algo muy importante es la conexión de las vigas con los pilares, para que con el movimiento no se separen y no se derrumben las plantas. Todo esto es mucho más sencillo en los edificios de nueva construcción. Para los edificios que ya existen habría que llevar a cabo un análisis detallado para comprobar qué resistencia sísmica tienen sus estructuras. “No es lo mismo rehabilitar un edificio de los años 60 hecho con hormigón que uno de 150 años de piedra o ladrillo”, explica. Tras el análisis, se deberá optar por la solución más adecuada y las posibilidades son muy variables. “Hay muchas técnicas para acondicionar sísmicamente un edificio”, señala.
Un factor a tener en cuenta a la hora de adecuar las construcciones de una ciudad al riesgo de terremotos es el coste económico. En el caso de los edificios nuevos el precio se puede incrementar alrededor de un 10%, pero depende mucho del riesgo sísmico de la zona donde se vaya a construir. El problema viene con la adecuación de los edificios antiguos. “A veces sale más rentable derribarlos y volverlos a construir”, admite Benavent. Pero esto no siempre es posible porque algunos pueden ser edificios históricos, que no se pueden derribar ni modificar. Como solución a estos edificios, a veces se ha utilizado una técnica llamada aislamiento de base. Consiste básicamente en apoyar el edificio sobre elementos de goma, como se ha hecho con el Ayuntamiento de Los Ángeles y con la Tumba de Ciro, en Pasargada (Irán). “En realidad se ha hecho de forma anecdótica, porque es muy caro”, concluye Benavent.
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